La ralentización del coche eléctrico anima a las refinerías a revisar al alza la gasolina en 2026
La desaceleración en las ventas de vehículos eléctricos lleva a refinadores como Repsol y Cepsa a revisar al alza las previsiones de demanda de gasolina y gasóleo para 2026 en España y Europa.
La esperada transición acelerada hacia la movilidad eléctrica está dando muestras de fatiga en Europa y Estados Unidos, lo que ha llevado a los principales refinadores mundiales a revisar al alza sus previsiones de demanda de gasolina y gasóleo para 2026. La Agencia Internacional de la Energía ha elevado en 380.000 barriles diarios la previsión de consumo global de gasolina, situándola en 27,2 millones de barriles diarios para el próximo ejercicio.
Las matriculaciones de vehículos eléctricos puros en la Unión Europea crecerán apenas un 6% interanual, frente al 28% registrado en 2023, según datos de la asociación ACEA. La retirada o reducción de ayudas públicas en Alemania, Italia y Francia, la elevada inflación y el coste de los seguros, junto con la falta de infraestructura de recarga rápida en zonas rurales, están moderando la disposición de los consumidores a abandonar el motor de combustión interna.
En España, el mercado eléctrico avanza por debajo de las previsiones del PNIEC, con una cuota del 6,5% sobre el total de matriculaciones nuevas. El Plan MOVES III, dotado con 1.200 millones de euros, ha apoyado más de 200.000 turismos eléctricos enchufables desde 2021, pero los plazos burocráticos y la fragmentación autonómica han generado frustración en compradores y concesionarios. La asociación AEDIVE estima que para alcanzar los objetivos de 5,5 millones de vehículos eléctricos en 2030 sería necesario duplicar las matriculaciones anuales.
Repsol ha aprovechado este contexto para defender una estrategia multitecnológica. La compañía mantiene 3.500 estaciones de servicio en España y Portugal, donde despliega simultáneamente puntos de recarga ultrarrápida de hasta 400 kilovatios, surtidores de combustibles renovables HVO100 y biometano, y suministro convencional de gasolinas y diésel. Su consejero delegado, Josu Jon Imaz, ha reiterado que la neutralidad tecnológica permitirá descarbonizar el transporte sin sacrificar la libertad del consumidor ni la cohesión territorial.
Cepsa, por su parte, ha confirmado que reorientará parte de su refinería de La Rábida hacia la producción de combustibles sostenibles de aviación (SAF) y diésel renovable, con una capacidad inicial de 500.000 toneladas anuales. La compañía prevé mantener la producción de gasolina y gasóleo fósil durante toda la década de 2030, con márgenes de refino europeos estabilizados entre 8 y 12 dólares por barril, gracias a una demanda más resiliente de la prevista y al cierre progresivo de capacidad obsoleta en Alemania e Italia.
Los analistas de Wood Mackenzie y de la consultora Concawe consideran que el pico mundial de demanda de petróleo podría retrasarse hasta 2032, dos años más tarde de lo estimado en 2022. Para España, esto implica que las refinerías de Bilbao, Cartagena, Tarragona, Huelva, Castellón y A Coruña mantendrán plena actividad durante toda la próxima década, generando empleo industrial cualificado y aportando seguridad de suministro al mercado ibérico mientras avanza la transición energética hacia 2050.