La demanda de vehículos eléctricos se desacelera y las refinerías revisan al alza la gasolina para 2026
La frenada en la adopción de vehículos eléctricos lleva a las refinerías a revisar al alza sus proyecciones de gasolina para 2026, con efecto directo en la importación boliviana.
La esperada transición del transporte hacia vehículos eléctricos (EV) ha entrado en una fase de moderación. Las ventas globales de eléctricos puros (BEV) crecen apenas un 14 por ciento interanual en 2026, muy por debajo del 30 por ciento promedio del trienio anterior, según datos de BloombergNEF. Como consecuencia, refinadoras como ExxonMobil, Shell, Marathon Petroleum, Valero y Reliance revisan al alza la proyección de demanda de gasolina para los próximos años.
La Agencia Internacional de la Energía (AIE) ajustó su escenario base y ahora proyecta que la demanda mundial de gasolina, lejos de tocar techo en 2026, podría mantener un crecimiento moderado hasta 2030. La incertidumbre arancelaria, la reducción de subsidios en Europa, las dudas sobre el costo de las baterías y el ritmo de despliegue de infraestructura de carga ralentizaron la electrificación en Alemania, Francia y Estados Unidos.
Para los países importadores netos de combustibles líquidos, como Bolivia, la señal es directa. Bolivia destina alrededor de 1.700 millones de dólares anuales a la importación de diesel, gasolina y aditivos. Si los precios internacionales de gasolina permanecen por encima de los 90 dólares por barril en el Golfo de México, el costo fiscal de la subvención a los combustibles seguirá erosionando las reservas internacionales del Banco Central de Bolivia (BCB).
El Ministerio de Hidrocarburos y Energías evaluó recién una hoja de ruta para electromovilidad en La Paz, Cochabamba y Santa Cruz, con incentivos arancelarios y la habilitación de electroterminales públicos. Sin embargo, la lentitud global obliga al país a planificar bajo el supuesto de que el parque automotor seguirá demandando gasolina y diesel fósiles por al menos una década más. La conversión a gas natural vehicular (GNV) sigue siendo la palanca más costo-efectiva para sustituir gasolina.
YPFB Refinación, que opera las refinerías Gualberto Villarroel en Cochabamba y Guillermo Elder Bell en Santa Cruz, enfrenta el reto de elevar la conversión de crudo en gasolinas livianas y reducir la dependencia de la importación desde Argentina y Perú. La hidrotratadora de naftas de Cochabamba opera al 92 por ciento de capacidad, pero el crudo nacional, mayoritariamente liviano y con alto contenido de condensado, exige inversiones en unidades de reforming y alquilación para satisfacer la calidad Euro V que la flota nueva ya demanda.
Analistas locales advierten que el costo de la subvención a los combustibles, que en 2024 superó los 2.700 millones de dólares, podría volver a tensionar el presupuesto general del Estado en 2026. La revisión alcista de las refinerías mundiales sobre la gasolina valida la urgencia de una política boliviana integral que combine eficiencia refinadora, expansión del GNV, biocombustibles del oriente y reformas tarifarias graduales. Sin esa coherencia, el ciclo de subsidios continuará alimentando el contrabando hacia Perú, Brasil y Chile, debilitando el equilibrio macroeconómico.