Estados Unidos superará a Qatar en exportaciones de GNL en 2026 con la entrada de Plaquemines
Estados Unidos se prepara para superar a Qatar como mayor exportador de GNL en 2026 con la planta Plaquemines, cambiando el tablero del gas que ven Bolivia y Argentina.
Estados Unidos está en vías de convertirse en 2026 en el mayor exportador mundial de gas natural licuado (GNL), superando a Qatar. La capacidad estadounidense crecerá hasta 23,3 mil millones de pies cúbicos diarios (Bcf/d) cuando la planta Plaquemines LNG, de la empresa Venture Global, alcance su plena operación en el segundo semestre. A esto se suma la expansión de Corpus Christi Stage III y la inminente puesta en marcha de Rio Grande LNG en Texas.
Plaquemines, ubicada en la desembocadura del Misisipi en Luisiana, tendrá una capacidad nominal de 20 millones de toneladas anuales en su configuración final. Con contratos firmados con Shell, BP, PetroChina, Sinopec, EnBW y Reliance Industries de India, la planta consolida una red de oferta global que compite directamente con los proyectos de Qatar Energy en North Field East y North Field South, que sumarán 32 millones de toneladas adicionales hacia 2027.
La transformación del mercado de GNL impacta directamente a Sudamérica. Brasil y Argentina, que en años de sequía recurren a importaciones spót para abastecer sus térmicas, hoy compiten con compradores asiáticos más poderosos. El Henry Hub se ha estabilizado en 3,1 dólares por mmBTU, mientras los precios entregados en Asia rondan los 12 dólares y en Europa los 10,5 dólares, brechas que Estados Unidos capitaliza con liquidez y flexibilidad contractual.
Para Bolivia, la consolidación del GNL estadounidense es un reto estratégico. Argentina, histórico comprador del gas boliviano, está acelerando su autosuficiencia con Vaca Muerta y planea exportar GNL desde el proyecto Southern Energy en Río Negro, en alianza con Pan American Energy y la noruega Golar LNG. Si Argentina deja de demandar gas boliviano en su totalidad, YPFB perdería un mercado clave que en su pico aportó más de 2.000 millones de dólares anuales en divisas.
El reto para Bolivia es doble. Por un lado, sostener exportaciones residuales en el corto plazo bajo condiciones más competitivas, lo que ha llevado a YPFB a flexibilizar precios y volumenes en el contrato con ENARSA. Por otro, reorientar el gas hacia el mercado interno, particularmente a la industria del cemento, la siderúrgica de Mutun y la planta de urea y amoníaco de Bulo Bulo, que requiere garantías firmes de molecula para operar al 100 por ciento de capacidad.
El Ministerio de Hidrocarburos boliviano debe también considerar el efecto indirecto sobre Perú, que opera Camisea LNG, y sobre Chile, que importa GNL a través de Quintero y Mejíllones. La integración gasifera sudamericana, postergada por décadas, encontraría en este nuevo escenario una urgencia renovada, en la cual el gas boliviano podría actuar como pivote regional si se aceleran los gasoductos de interconexión y se preservan reservas suficientes para sostener compromisos plurianuales con compradores firmes.