Las tensiones en el Mar Rojo encarecen 60 por ciento los fletes de tanqueros y reordenan flujos globales

El conflicto en el Mar Rojo eleva 60 por ciento el costo de los fletes de tanqueros y reordena los flujos petroleros mundiales, con impacto indirecto sobre Bolivia.

Las tensiones geopolíticas en el Mar Rojo, desatadas por los ataques de la milicia hutí yemení contra buques mercantes y crecientes incidentes en el estrecho de Bab el-Mandeb, han elevado en un 60 por ciento los costos de fletes para tanqueros suezmax y aframax. La aseguradora Lloyd’s de Londres amplió las primas de riesgo de guerra hasta el 0,7 por ciento del valor del casco para buques que crucen la región, frente al 0,1 por ciento habitual.

Como consecuencia, una parte significativa del tráfico petrolero entre el Golfo Pérsico, India y Europa ha sido redirigida por el cabo de Buena Esperanza, sumando entre 15 y 21 días adicionales a los itinerarios. Esto absorbe capacidad efectiva de transporte marítimo, ajusta el balance global y eleva los precios de productos refinados, especialmente diesel y combustibles para aviación.

El Brent ha mantenido una prima geopolítica de entre 4 y 6 dólares por barril asociada al conflicto, y los márgenes de refinación europeos saltaron a niveles no vistos desde la crisis de 2022. La Comisión Europea evalua liberar parte de sus reservas estratégicas si la situación escala con nuevos episodios en Hormuz o en los puertos sirios del Mediterráneo oriental.

Para Bolivia, los efectos son indirectos pero materiales. El país importa una porción significativa de diesel oil desde Rusia y Singapur, con escala en puertos chilenos y peruanos. La reconfiguración de rutas y el aumento de fletes encarecen el costo de internación del diesel hasta en 18 dólares por tonelada métrica adicional, lo que se traduce en mayor presión fiscal sobre la subvención a los combustibles administrada por YPFB Logística.

El Ministerio de Hidrocarburos y Energías reconoció que el costo CIF promedio del diesel importado por Bolivia superó los 950 dólares por metro cúbico durante el primer cuatrimestre del año, frente a un precio interno subsidiado de 3,72 bolivianos por litro. Esta brecha alimenta el contrabando hacia mercados fronterizos como Cuiabá, Tartagal y Tacna, donde la diferencia con el precio internacional triplica el valor pagado por el consumidor boliviano.

El conflicto del Mar Rojo también redibuja flujos sudamericanos. Petrobras aprovecha el desplazamiento del crudo del Golfo Pérsico hacia Europa para colocar mayores volumenes de crudo presal en refinerías españolas, italianas y holandesas, fortaleciendo la integración con la cuenca atlántica. Argentina, por su parte, acelera la lógistica del crudo Medanito hacia Asia desde el puerto de Punta Colorada. En este nuevo equilibrio, Bolivia necesita acelerar acuerdos de suministro de largo plazo con proveedores diversificados y reactivar el debate sobre una refinería binacional con Perú o Brasil, capaz de procesar crudos más pesados y reducir la exposición al riesgo logístico internacional.

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