Expansión refinera en Latinoamérica: Dos Bocas en México y proyectos cubanos cobran impulso
México y Cuba avanzan en sus proyectos refinadores con Dos Bocas y Cienfuegos, reconfigurando el mapa regional de derivados con lecciones para Petroperú.
América Latina vive un nuevo ciclo de expansión de capacidad refinera. La refinería de Dos Bocas, en Tabasco, México, opera oficialmente desde 2024 con una capacidad de diseño de 340.000 barriles por día (bpd), aunque su rendimiento real se ha mantenido entre 170.000 y 200.000 bpd debido a problemas operativos y técnicos.
El gobierno mexicano, a través de Pemex, ha invertido más de USD 17.000 millones en el complejo, incluyendo ampliaciones a las unidades de coquización. El objetivo declarado es alcanzar autosuficiencia en gasolinas y diésel, reduciendo importaciones desde el Golfo de México que en 2023 superaron los USD 38.000 millones. Sin embargo, expertos del Centro Mexicano de Derecho Ambiental (CEMDA) advierten que la rentabilidad real podría tardar más de una década en consolidarse.
En paralelo, Cuba avanza en la rehabilitación de la refinería de Cienfuegos, en alianza con Venezuela y, según reportes, con apoyo técnico de Rusia. La meta es elevar la capacidad de 65.000 a 150.000 bpd, lo que aliviaría parcialmente la crisis energética que ha provocado apagones masivos en la isla. La incertidumbre financiera y el régimen de sanciones complican el cronograma.
Para Petroperú, estos proyectos ofrecen lecciones críticas. La nueva refinería de Talara, con 95.000 bpd y unidades de hidrotratamiento y FCC modernas, enfrenta retos similares: alta deuda, márgenes presionados y la necesidad de operar a plena carga. La diferencia es que Talara está diseñada para producir derivados de calidad Euro VI, alineados con la normativa peruana de combustibles limpios vigente desde 2024.
El mapa refinero latinoamericano también incluye proyectos en Brasil, donde Petrobras recompró las refinerías Mataripe y Lubnor; en Colombia, donde Ecopetrol modernizó Cartagena y Barrancabermeja; y en Argentina, donde YPF amplía Luján de Cuyo. La región suma una capacidad instalada cercana a 7,1 millones de bpd, pero la utilización promedio es del 68%, lo que evidencia ineficiencias estructurales.
El consumo regional de combustibles bordea los 6,5 millones de bpd, con un fuerte componente importado desde Estados Unidos. El Perú importa cerca del 55% de sus combustibles, principalmente diésel B5, lo que lo hace vulnerable a shocks externos. La operación a plena carga de Talara, combinada con la modernización de la refinería de Conchán y la pequeña planta de Iquitos, permitiría reducir las importaciones netas en aproximadamente USD 2.800 millones anuales.
El debate de fondo es si la región está sobreinvirtiendo en activos fósiles cuando la transición energética avanza. Para algunos analistas, refinerías como Dos Bocas o Talara podrían convertirse en activos varados hacia 2040. Para otros, son infraestructura crítica para asegurar soberanía energética en el periodo de transición. La respuesta peruana pasa por integrar la refinación con biocombustibles, petroquímica e hidrógeno verde, evitando depender exclusivamente del barril.