Expansión refinadora en América Latina: Dos Bocas en México y proyectos cubanos toman impulso

México avanza con Dos Bocas y Cuba retoma proyectos de modernización refinadora en alianza con Rusia y China, redibujando el mapa downstream regional para 2026.

América Latina vive un nuevo ciclo de expansión en refinación que tiene como protagonistas a México y a Cuba. La refinería Olmeca, conocida como Dos Bocas, en el estado de Tabasco, avanza hacia la operación plena de sus 340.000 barriles diarios de capacidad de procesamiento, mientras La Habana reactiva proyectos de modernización en Cienfuegos y Matanzas con apoyo de socios rusos y chinos.

Dos Bocas, impulsada por el ex presidente Andrés Manuel López Obrador como buque insignia de la soberanía energética mexicana, demandó una inversión cercana a USD 17.000 millones, muy por encima del presupuesto original. La planta, operada por Pemex, busca reducir la dependencia de importaciones de naftas y diésel desde Estados Unidos, que en 2024 representaron más del 70% del consumo del país. La administración de Claudia Sheinbaum ratificó el rol estratégico del proyecto.

La fase operativa, sin embargo, enfrenta desafíos técnicos. Los rendimientos iniciales fueron inferiores a los previstos por problemas en las unidades de coquización y cracking catalítico. Pemex trabaja junto a contratistas internacionales en ajustes que permitan elevar la utilización a más del 80% durante 2026. El objetivo final es procesar crudo pesado Maya y producir combustibles de bajo azufre que cumplan los estándares ULSD.

En Cuba, la situación es más compleja. La crisis energética obligó al gobierno a buscar alternativas para reactivar la refinería de Cienfuegos, originalmente desarrollada en alianza con PDVSA, y modernizar la planta de Matanzas. Rosneft y CNPC analizan participaciones que permitan procesar crudos rusos importados, aunque las sanciones internacionales y la falta de divisas complican el cronograma. La isla depende hoy en buena medida del crudo venezolano y de envíos puntuales de México.

Para la Argentina, el contraste regional es elocuente. Mientras el país discute si construir una nueva refinería vinculada a Vaca Muerta o ampliar las existentes, los vecinos avanzan con proyectos concretos. Brasil, por su parte, planea reactivar el proyecto Comperj y modernizar Replan y Refap, consolidando un downstream que acompaña su upstream récord. Colombia avanza con la ampliación de Cartagena y Barrancabermeja a cargo de Ecopetrol.

El factor común es la búsqueda de soberanía en combustibles, en una región históricamente dependiente de importaciones a pesar de ser exportadora neta de crudo. Los analistas de S&P Global Commodity Insights advierten que el éxito de estos proyectos dependerá de la disciplina operativa, la disponibilidad de crudo doméstico adecuado y la integración con cadenas logísticas eficientes. En un mundo que discute el pico de demanda de combustibles fósiles, América Latina apuesta a que el ciclo todavía da para una nueva generación de refinerías rentables y estratégicamente situadas.

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