Refinerías latinoamericanas: Dos Bocas y proyectos en Cuba reescriben el mapa regional
La refinería Dos Bocas en México y la modernización de complejos en Cuba transforman el mapa refinador latinoamericano, con repercusiones directas para PDVSA y la exportación venezolana.
América Latina vive un nuevo ciclo de expansión de su capacidad refinadora, impulsado principalmente por dos proyectos: la refinería Olmeca en Dos Bocas, Tabasco, en México, y el ambicioso plan de modernización de las refinerías cubanas de Cienfuegos y Camilo Cienfuegos en Santiago de Cuba. La combinación de ambos esfuerzos suma 540.000 barriles diarios (bpd) adicionales de capacidad de procesamiento al sistema regional.
Olmeca, operada por Petróleos Mexicanos (Pemex), alcanzó en 2026 una operación cercana al 75% de su capacidad nominal de 340.000 bpd. La instalación procesa principalmente crudos Maya e Istmo, produciendo gasolinas, diésel ultra bajo azufre y coque de petróleo. La inversión total superó los 17.000 millones de dólares, monto que ha sido cuestionado por organismos multilaterales pero defendido por el gobierno mexicano como pieza clave de autosuficiencia energética.
En Cuba, la cooperación con Rusia ha reanimado proyectos paralizados. La refinería de Cienfuegos, originalmente desarrollada con apoyo soviético y posteriormente operada bajo empresa mixta con PDVSA, está siendo modernizada con tecnología rusa de Rosneft. La meta es elevar su capacidad de 65.000 a 150.000 bpd para 2028. En Santiago de Cuba se ejecutan obras de rehabilitación con financiamiento conjunto chino-cubano.
Para Venezuela, el escenario regional plantea oportunidades y desafíos. PDVSA históricamente abasteció a Cuba con crudo y derivados bajo el esquema de cooperación energética establecido a inicios de los años 2000. La modernización refinadora de la isla podría aumentar la demanda de crudo extrapesado venezolano de la Faja del Orinoco, sustituyendo importaciones rusas que enfrentan logística compleja por las sanciones occidentales.
El caso mexicano es distinto. Dos Bocas reduce las exportaciones de crudo mexicano hacia Estados Unidos, abriendo espacios en refinerías de Texas y Luisiana configuradas para procesar crudos pesados similares al Maya. Tradicionalmente, estos espacios fueron ocupados por barriles venezolanos antes de las sanciones de 2019. Con las licencias específicas otorgadas a Chevron y a otras operadoras, Venezuela ha vuelto gradualmente al mercado del Golfo de México, colocando alrededor de 250.000 bpd mensuales.
Analistas regionales destacan que el verdadero cambio estructural llegará si Venezuela logra reactivar el Centro Refinador Paraguaná y la refinería Puerto La Cruz. La capacidad instalada nominal del país supera los 1,3 millones de bpd, pero opera por debajo de 300.000 bpd efectivos. La Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) estima que el déficit regional de gasolinas, diésel y jet fuel rondará los 1,9 millones de bpd en 2027, espacio comercial que países como Brasil, India y Estados Unidos buscan captar. Si Caracas no acelera la rehabilitación de sus instalaciones, América Latina importará en 2028 más combustibles que en cualquier momento de su historia reciente, una paradoja para una región rica en hidrocarburos.